Liliana SalaverryArquitecta · Salud urbana

Seguridad percibida: una condición decisiva para usar el espacio público

Para quienes diseñan y gestionan espacios públicos en América Latina, evaluar el arbolado, la sombra o el mobiliario no basta. También hay que entender quién se siente seguro en el lugar y en qué condiciones puede usarlo.

30 de septiembre de 2026 · 8 min de lectura

Una plaza puede tener sombra, bancos en buen estado y buena accesibilidad y, aun así, usarse poco. Una evaluación centrada solo en sus características físicas puede pasar por alto una pregunta decisiva: ¿las personas se sienten seguras allí?

La seguridad percibida también importa para la salud y el bienestar: el miedo puede limitar las oportunidades cotidianas de caminar, moverse en bicicleta y realizar actividad física. En Chile, un estudio de 2025 con 10.686 personas encontró una asociación entre mayor inseguridad percibida en el barrio y mayor malestar psicológico, medido mediante síntomas de ansiedad y depresión.

La inseguridad percibida puede llevar a evitar un lugar, cambiar de recorrido o dejar de usarlo a determinadas horas. En esas condiciones, las mejoras físicas pierden parte de su utilidad. La percepción no explica por sí sola el uso de un espacio ni mide la delincuencia, pero ayuda a entender quién puede aprovechar lo que el proyecto ofrece.

Qué muestra la evidencia latinoamericana

Un estudio publicado en 2022 con 8.547 adultos de 92 ciudades latinoamericanas encontró que percibir inseguros los espacios públicos durante el día se asociaba con una menor probabilidad de desplazarse a pie. El temor a la delincuencia diurna mostró esa misma relación para caminar y usar la bicicleta.

La investigación analizó la movilidad activa declarada por los participantes en ocho países, con datos de 2014 y 2015. Consideró los desplazamientos a pie o en bicicleta de al menos diez minutos seguidos. La inseguridad nocturna no mostró una asociación estadísticamente significativa con esos desplazamientos; esto no descarta que pueda ser importante en otros contextos o actividades.

Para ampliar la mirada más allá de los desplazamientos, una revisión sistemática de 2013 aporta evidencia sobre actividad física recreativa. Reunió quince estudios de Brasil y Colombia y encontró una asociación consistente entre sentirse seguro durante el día y hacer ejercicio en el tiempo libre.

Los dos trabajos señalan una relación entre sentirse seguro y mantenerse activo en la ciudad. Como se basan en datos transversales, no demuestran que esa percepción sea la causa de esos comportamientos ni explican por sí solos el uso general de plazas y parques. La pregunta práctica es si la inseguridad está condicionando una actividad concreta, para qué personas y en qué horarios.

No es lo mismo ser seguro que sentirse seguro

Los delitos registrados, la sensación de seguridad y los riesgos del tránsito describen aspectos distintos de un lugar y deben evaluarse por separado. Un lugar puede presentar pocos delitos denunciados y, aun así, ser evitado. También puede registrar más incidentes porque tiene mayor actividad y más personas expuestas.

La percepción combina señales del entorno —qué se puede ver, quién está presente, qué salidas existen o cómo se cuida el lugar— con las experiencias y la vulnerabilidad de cada persona. La misma esquina puede sentirse distinta para dos personas que no afrontan los mismos riesgos.

Un estudio de 2017 entrevistó a 810 usuarios de 27 parques municipales de Costa Rica. Las mujeres declararon sentirse menos seguras y calificaron peor el mantenimiento, la limpieza y la vigilancia que los hombres. El estudio muestra que la experiencia del mismo espacio varía según el sexo, pero no demuestra que el mantenimiento sea la causa de esa diferencia.

La percepción complementa las estadísticas delictivas: ayuda a entender quién se siente en condiciones de utilizar un lugar, en qué circunstancias y hasta qué hora. Conviene evaluar ambas dimensiones.

Qué puede hacer el proyecto

La evidencia orienta las decisiones, pero cada intervención debe ajustarse al lugar y comprobar sus resultados. A partir de esa lectura, el proyecto puede plantear las siguientes mejoras.

La iluminación: cantidad y distribución

Aumentar la potencia de las luminarias no garantiza por sí solo que un recorrido se perciba como seguro. También importan la distribución de la luz, el deslumbramiento, la posibilidad de reconocer a otras personas y la presencia de tramos oscuros.

Una revisión internacional de 2023, con 53 estudios, encontró que el nivel de iluminación y su uniformidad pueden influir en la seguridad percibida. Los resultados variaron entre contextos y grupos de población. Para un proyecto en América Latina, esta evidencia orienta qué evaluar, pero la solución de iluminación debe adaptarse a las condiciones de cada barrio.

El alumbrado también se ha estudiado como medida de prevención del delito. Una revisión de 2022 reunió 21 evaluaciones en cuatro países, incluido Brasil, y estimó una reducción conjunta del 14 % de los delitos en las zonas intervenidas frente a zonas comparables sin intervención. La reducción fue estadísticamente significativa para los delitos contra la propiedad, pero no para los violentos. Ese resultado no predice lo que ocurrirá en una calle o plaza concreta, ni demuestra por sí solo que sus usuarios se sientan más seguros.

La visibilidad y la actividad en los bordes

Poder ver lo que ocurre y sentirse visible para otras personas puede contribuir a la seguridad percibida. Muros ciegos, vegetación que bloquea la vista y recorridos mal definidos reducen esa posibilidad. Los comercios, accesos y viviendas orientados hacia el espacio pueden aportar actividad y presencia cotidiana.

Un estudio cualitativo de 2025 examinó cuatro parques de Cuenca, Ecuador, mediante observación y entrevistas a 23 jóvenes. La iluminación, la vegetación, los recorridos y la presencia de otras personas resultaron relevantes. Sin embargo, algunas aglomeraciones también generaban inseguridad: el efecto de la presencia de personas depende de las actividades y de cómo las interpretan quienes usan el lugar.

El mantenimiento, sin convertirlo en explicación única

Luminarias averiadas, mobiliario roto y residuos acumulados pueden transmitir abandono. Una revisión de 40 estudios cualitativos del Reino Unido relacionó estas señales con el miedo al delito, aunque la familiaridad y las redes sociales locales parecían tener más peso. Es una referencia complementaria, cuyo alcance debe valorarse en cada contexto.

En América Latina, un estudio de 242 barrios del Gran Santiago no encontró una relación estadísticamente significativa entre el desorden físico observado y la seguridad percibida al considerar también las relaciones sociales y las características de residentes y barrios. Cuidar el espacio importa, pero su estado físico no basta para explicar la inseguridad percibida.

El recorrido completo

Un espacio no se experimenta de manera aislada. Una plaza bien iluminada puede resultar poco accesible si para llegar hasta ella hay que atravesar un tramo desierto, un paso mal resuelto o un recorrido sin continuidad visual.

Por eso, hay que evaluar también los trayectos que conectan el lugar con las viviendas, el transporte público, los centros educativos y los lugares de trabajo. Un solo tramo percibido como inseguro puede condicionar todo el recorrido.

Lo que el diseño no resuelve

El diseño urbano no resuelve por sí solo las causas de la violencia ni sustituye una respuesta institucional ante una amenaza. Cuando estos problemas condicionan el uso del lugar, la intervención debe coordinarse con la prevención social, la atención a las personas afectadas y los servicios de seguridad.

Tampoco garantiza que todas las personas se sientan seguras después de una mejora física. Las experiencias previas de violencia, la confianza entre vecinos y la expectativa de recibir ayuda influyen en cómo se vive el lugar. Por eso, es necesario escuchar a distintos grupos y comprobar cómo cambia su experiencia.

Las medidas de control tampoco aseguran un acceso más equitativo. Cierres, vallados, cámaras o vigilancia privada pueden tranquilizar a algunos usuarios y, al mismo tiempo, excluir o someter a mayor vigilancia a otros. Hay que evaluar quién gana seguridad y quién pierde posibilidades de utilizar el espacio.

Por último, la obra no garantiza que las mejoras se mantengan. El proyecto debe definir responsables y recursos para conservar el alumbrado, cuidar la vegetación y sostener las actividades que favorecen la presencia cotidiana. Sin esa gestión, las condiciones del lugar pueden volver a deteriorarse.

El objetivo es que más personas puedan utilizar el espacio con seguridad, incluidas quienes hoy lo evitan. Para saber si el proyecto lo consigue, hay que comprobar qué cambia en su experiencia y en el uso del lugar.

Cómo comprobarlo en un proyecto concreto

Para comprobar si el proyecto mejora la seguridad percibida y el uso del espacio, hay que comparar la situación antes y después de intervenir:

  • Observar quién utiliza el espacio en distintas franjas horarias y cómo cambia su composición aproximada por edad y género. Que la ocupación se vuelva predominantemente masculina a partir de cierta hora es un dato que debe investigarse, no una explicación por sí mismo.
  • Recorrer los trayectos de acceso en las horas críticas, en lugar de visitar únicamente el punto de intervención durante el día.
  • Preguntar tanto a quienes usan el espacio como a quienes lo evitan: qué esquina no frecuentan, dónde cambian de acera, a qué hora dejan de pasar y qué tendría que cambiar para utilizarlo.
  • Repetir las observaciones y las preguntas después de la intervención, con el mismo protocolo y en condiciones comparables. Volver a hacerlo más adelante para comprobar si el cambio se mantiene.
  • Si el objetivo incluye reducir la delincuencia, comparar también la evolución de los delitos registrados con la de una zona similar donde no se haya intervenido.

Sin esa comprobación, una intervención puede mejorar todos sus indicadores físicos y no modificar aquello que estaba condicionando su uso.

Fuentes y evidencia citada

  1. Duarte, F., Jiménez-Molina, Á. y Sarmiento, I. (2025). «Crime and mental health: Examining the associations between perceived insecurity, crime victimization, and psychological distress in Chile». Wellbeing, Space and Society, 9, 100303.
  2. Castillo-Paredes, A. et al. (2022). «Perceived Neighborhood Safety and Active Transportation in Adults from Eight Latin American Countries». International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(19), 12811.
  3. Arango, C. M., Páez, D. C., Reis, R. S., Brownson, R. C. y Parra, D. C. (2013). «Association between the perceived environment and physical activity among adults in Latin America: a systematic review». International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, 10, 122.
  4. Coello, M., Palacios-Jerves, S., Pauta-Pesántez, A., Tapia, A. y Hermida, C. (2025). «Young People’s Perception of Safety in Parks in an Intermediate Latin American City». The Journal of Public Space, 10(1), 15-36.
  5. Espinoza Duran, J., Méndez Estrada, V. H. y Monge-Nájera, J. (2017). «Percepción de seguridad, uso y mantenimiento de los parques municipales en Costa Rica, según el sexo de los usuarios». UNED Research Journal, 9(1), 65-71.
  6. Núñez, J., Tocornal, X. y Henríquez, P. (2012). «Determinantes individuales y del entorno residencial en la percepción de seguridad en barrios del Gran Santiago, Chile». Revista INVI, 27(74), 87-120.
  7. Trop, T., Shoshany Tavory, S. y Portnov, B. A. (2023). «Factors Affecting Pedestrians’ Perceptions of Safety, Comfort, and Pleasantness Induced by Public Space Lighting: A Systematic Literature Review». Environment and Behavior, 55(1-2).
  8. Lorenc, T. et al. (2013). «Fear of crime and the environment: systematic review of UK qualitative evidence». BMC Public Health, 13, 496.
  9. Welsh, B. C., Farrington, D. P. y Douglas, S. (2022). «The impact and policy relevance of street lighting for crime prevention: A systematic review based on a half-century of evaluation research». Criminology & Public Policy, 21(3), 739-765.
  10. Organización Mundial de la Salud (2024). «Actividad física». Referencia sobre sus beneficios para la salud física, mental y el bienestar.

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